Día 3: de las cumbres del Atlas al desierto.

Después de recoger el equipaje, sacar las motos de su improvisado garaje y cargarlas en un tiempo récord hemos ido a buscar una ferretería o un taller para solucionar el tema del tornillo flojo de mi moto.

Mientras cargábamos un español, como no podía ser de otra forma, le ha comentado a otro en voz mas alta y con mas cachondeo del necesario “eh Pepe, ¿has visto las motos del Dakar?”. Instantáneamente me han dado ganas de decirle al Capitán, “eh Capi, ¿has visto al gordo gilipollas recién bajado del avión? La gente aun no asume que si uno viaja en moto lo hace por placer y no por no tener otro medio mas cómodo.

A unos cientos de metros localizamos una ferretería y compro dos llaves de tubo acodadas de la medida adecuada después de que el dependiente saliese para verlo. Y allí mismo sobre la acera queda apretado. Estando allí parados, mi casco decide hacer el salto del ángel hasta el suelo y se lleva un buen golpe. No sería el último por desgracia, y el resto se los llevaría con mi cabeza dentro.

No nos lleva demasiado tiempo salir de Marrakech gracias a las indicaciones de los guardias de tráfico, que se revelan como la única fuente fiable de información.

Ya las afueras nos paramos un momento para asegurarnos de que todo esta bien y disponernos a recorrer unos cuantos kilómetros.

Parados a las afueras de Marrakech

La primer parte del viaje discurre por la carretera que desde Marrakech atraviesa el Alto Atlas hasta Ouarzazate. No nos movemos muy rápido, pero sin embargo disfrutamos con el paisaje, aun muy verde, y el sinuoso trazado. Paramos en varias ocasiones a hacer fotos, una de ellas dejamos la carretera y subimos unos cientos de metros por una pista de tierra hasta llegar a un lugar que nos gusta para parar.

Las cumbres nevadas del Alto Atlas

Pueblo típico del Atlas

A eso de las 12.30 decidimos parar a tomar algo a unos 5 km de Taddert después de 93,5 km de carretera en un chiringuito al borde de la carretera. Allí nos indican mas o menos que distancia hay hasta Ouarzazate y Dades que es el destino previsto para hoy. Cuando vamos a pagar nuestra comida (unas brochetas con patatas fritas) nos regalan un par de yogures, a modo de postre. Declinamos el ofrecimiento y entonces sustituyen los yogures por una botella de agua para el camino, que aceptamos de buen grado. No hemos parado mas de una hora, y volvemos a estar en camino. Quedan unos 250 km hasta Dades.

A partir de aquí empieza la ascensión hacia el paso de Tizi-n-Tichka, el mas alto de Marruecos con 2260 metros. La carretera se vuelve cada vez mas retorcida y conforme ascendemos se empieza a notar algo de fresco.

La tele llega a todas partes

Al coronar el alto paramos a hacer unas fotos y el Capitán después de un cierto regateo compra una geoda en un puesto al borde de la carretera. Es curioso como allí cualquier cosa les vale para hacer un trueque, dinero, tabaco, aspirinas o incluso la cinta de la que cuelga mi cámara de fotos.

La carretera de Ouarzazate vista desde el paso de Tichka

Si el paisaje de la subida es impresionante, la bajada no lo es menos. Las laderas escarpadas y agrestes de esta zona no tienen nada que envidiar a los paisajes que se pueden encontrar en zonas montañosas de Europa.

Camino de Ouarzazate

A las tres y cuarto de la tarde paramos a repostar en un área de servicio a las afueras de Ouarzazate. Hemos recorrido 199 kilómetros desde Marrakech. Hace bastante calor, así que aprovechamos para tomarnos una Coca Cola antes de entrar la ciudad.

Atravesamos Ouarzazate dando alguna vuelta que otra y seguimos camino de Boumalne du Dades.

Un enorme embalse en pleno desierto (Ouarzazate)

A partir de aquí la carretera es mas llana y el paisaje mas desértico.

El Capitan en mi retrovisor

A eso de las 17.45 después de 325 km estamos descargando el equipaje en la Kasbah du Dades, que nos dará alojamiento a nosotros y a nuestras monturas que dormirán en el cuarto de calderas. Llegado el momento de meter la moto casi se me va al suelo por una mala maniobra. Consigo evitarlo pero me da un tirón en la muñeca y el antebrazo izquierdos.

Dades visto desde el hotel.

Después de instalarnos salimos a dar una vuelta por el pueblo en busca de un cajero automático y unas cervezas, aunque en teoría la gente del hotel nos va conseguir unas para la cena. Irónicamente en una punta del pueblo nos enteramos de que la única manera de tomarse una cerveza en es en el bar de un hotel bastante caro en el extremo opuesto. Y allí nos dirijimos a echar lo que queda de tarde.

Boumalne du Dades desde la carretera que lo atraviesa.

A la hora de la cena nos acomodamos en un agradable salón marroquí (sin cervezas, todo hay que decirlo) del hotel y tranquilamente comentamos como ha ido el día y hacemos planes para mañana.

Un lugar cómodo y tranquilo para cenar.

Después de enviar unos cuantos mensajes a familia y amigos y ver las fotos que hemos hecho, decidimos dar el día por concluido.

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